Es media tarde, y estoy en casa, solo.
Algo me dice que es el momento de escribir, y observo que el tiempo presente y la primera persona se adelantan y se imponen al intento, sin dejarme lugar a réplica alguna.
Tampoco me engaño, no escribo nada hace bastante, y hay indicios de que el impulso este un tanto atrofiado; tengo dudas, la idea no está del todo clara, pero como sea, esto es lo que está ocurriendo.
Quería contar lo del sueño, pero un encuentro que se podría denominar “casual”, terminó amalgamando todo, y ni siquiera se bien de que se trata.
¿Y si este fuese el momento de recordar?
Algo al parecer ha ocurrido para que esta pregunta se formule. Algo que (y pasen por alto la redundancia) me recuerda el recordar…
Son dos, o tres, o cuatro hechos conexos e inconexos que al parecer me reclaman. Pero mis pensamientos van y vienen y entorpecen.
Tendrá esto que ver con esos espacios temporales donde se suceden, o congregan esas casualidades que se escabullen velozmente hacia el olvido?
“Es sencillo, empezá a contarlo”, me dice una vocecita que parece ser aliada. Entonces reflexiono, y percibo que en mi casi total falta de importancia, subyace el secreto que anida en todo lo que existe. O eso creo, desde luego, por que… ¿Quién lo sabe?
Yo no se quien eres Tu, dado que, probablemente ni siquiera sepa quien soy yo, pero llegados a este punto me gustaría preguntarte si no sentís este estado como de alerta. Esta especie de vértigo, al considerar el estado de las cosas.
Nadie está cómodo al momento de enfrentar su miedo. Y la pereza es un arma del ego que puede tenernos bloqueados indefinidamente.
Pido disculpas por este exceso de preámbulos.
Esta es la parte en que digo que no tengo ni idea acerca de si el pasado y el futuro podrían coexistir en un mismo momento, o si hay pasajes entre uno y otro. Y lo que pretendo contar es , y solo dios sabe que he dado mil vueltas, es que mi hijo me habla en sueños.
Sueños que por lo general olvido, pero este último fue tan vívido, y en el mismo, una Ola gigante se aproximaba, y mi hijo me dice (no se si con palabras, imágenes o sensaciones) que no olvidara esa escena.
Y lo que puedo decir es que no lo he hecho.
Si alguien me apura y me pregunta si creo que pueda tratarse de una premonición, digo que no. Pero tampoco puedo negar que una parte de mi esta segura de que Todo puede ser posible, aquí mismo y ahora mismo.
Alguien dirá que
La voz de este “hijo mío” ya mayor, podría ser mi propia voz interior que hace uso de la máscara de aquel a quien más amo para que de ese modo le preste toda mi atención.
Oigan, que por más desenchufados que estemos al orden natural, aún somos animales, y quiero suponer que todavía corre en nosotros alguna gota de instinto que pueda serle útil a la especie.
Simultáneamente a este suceso, ocurrió un reencuentro con una amiga del tiempo en que yo rondaba los cuatro o cinco años y ella con dos años menos.
Un asombroso intercambio de recuerdos activó uno especial. Uno que había quedado sepultado en madera, en fuego o en cenizas.
Tiene que ver con el juego… aunque suelo sospechar que todo es juego…
En este caso se trata de tres niños, con el asombro flamante, explorando los mil recovecos y posibilidades que ofrece aquel enorme aserradero que pocos años después sería el combustible de un siniestro.
De la pieza de las cármicas, aquella donde colgaba aquel precioso bote, no habíamos ido a la pieza de las fibras, en la que se apilaban más de dos metros de chapas de este material.
En esa misma y lóbrega habitación se almacenaba además, el escenario de mi más remota pesadilla. Por que según mi sistema de creencias de por entonces, esa pieza era dominio y tal vez morada del “Carlanco” que era una forma del miedo a lo desconocido con que los mayores nos tenían a raya en aquel tiempo.
Pero una cosa era segura, y era que nos encantaba trepar a esa pila uniforme, y sentir allá arriba la textura lisita de la última fibra, y todo aquel olor que nos envolvía…
Los detalles no están, pero lo que ocurre es que cuando quiero acordar, estoy caído del lado de la pila en que no hay salida. Hago el intento, pero me es imposible trepar.
Mis amiguitos tal vez crean que es parte del juego, por que siempre estoy inventando cosas extrañas y riesgosas.
Dejo de oirlos. Seguro piensan que fui demasiado lejos con mis tonterias.
¿Se fueron? ¿Están tan asustados como yo?
Silencio…
Este terrible silencio que me aturde y no me provee de esperanza alguna de escapatoria.
Es el Terror…
Y para no enfrentar esta densa oscuridad, cierro fuerte mis ojos. Me entrego a un pánico inmóvil.
Es entonces que algo ocurre, y es cuando escucho las palabras de mi amiguita, aunque no se bien si es una voz, lo que si llega claro es su mensaje. Y lo que dice es: “Tenés que abrir los ojos”
Yo por un momento lo dudo, pero al fin le termino haciendo caso.
Y es aquí donde seguramente los descoloque, por que entonces ese niño que fui, o que soy, abre sus ojos y está en su cama.
Verán, tengo en claro la certeza de lo ocurrido hasta mi caída y mi negación a abrir los ojos.
Puede que posteriormente haya soñado ese mismo hecho y por eso es que hoy realidad y sueño se me confunden.
Me habló realmente mi amiguita?
Y la voz de mi hijo, proviene de un sueño? Y sino de donde?
Mi hijo me dice que recuerde, que no olvide.
Mi amiguita que no me repliegue, que no duerma, que abra los ojos.
Dos buenos consejos para alguien que, como yo, tiene tanta facilidad para olvidar y dormirse.
“Lo has visto?...no era difícil… ya lo contaste” me dice una vocecita que parece ser aliada.
Entonces reflexiono, y percibo que, también, en mi gran importancia, subyace el secreto que anida en todo lo que existe.
O eso creo. A fin de cuentas… ¿Quién lo sabe no?
