Cuando Humberto y Julio narraron la experiencia en su momento a ciertas personas, sé que algunas manifestaron un velado descrédito, y que otras adhirieron con entusiasmo a la suposición que del cuento se desprendía, o sea, un “encuentro cercano”.
Francamente a mí, el tema me resultaba indiferente; estaba seguro que no era una farsa, pero a mi gusto se apresuraron con las hipótesis, no podía, y creo que hoy tampoco, tragarme ninguna aseveración sobre ovnis o alienígenas.
Pero, y a través de los años, esta información latente llegó a operar en mí el deseo de rescatar aquella vivencia de los muchachos, y hacer algo con ella. Rescate al que los muchachos, en principio, respondieron con cierto retaceo.
Julio sabía que aquello había sido algo fuerte, y se había convencido de que al haber hecho el cuento tan enfáticamente por aquellos días, no solo que le había restado cierta esencia, sino que también le había hecho dudar de sus sentidos.
“ ¿Y que vas a contar? “, me preguntó Humberto cuando le propuse escribir algo sobre aquello. Le respondí que, lo que recordasen del asunto. “ Lo que pasa es que los recuerdos se pueden haber desdibujado, y que capaz ni siquiera sepamos que fue lo que pasó.”. Mejor, le dije yo, así tenemos un trabajito para hacer.
Al cabo accedieron, pero a condición de que el relato no reflejase aspectos demasiado subjetivos, pues no querían repetir el error de explicar el fenómeno de manera personal; yo les acepte la condición, pero opino que sería imposible escribir esto, sin que de algún modo no se refleje ese aspecto.
Conversamos, tomé apuntes, reflexionábamos juntos, y me iba dando cuenta que si bien podía comprender lo que contaban, no era fácil para ellos, como no lo es ahora para mí, encontrar las palabras adecuadas que no desvirtúen el propósito de aportar claridad al relato.
Aunque en mi opinión las fechas no aportan especial relevancia, consignaré como asiento temporal el miércoles de turismo del año 93.
El lugar: una antigua cantera de balasto, en la que la naturaleza había vuelto a instalarse por completo. Por lo que donde antes debieron haber dentelladas de excavadora, ya en aquel momento figuraban como irregulares pendientes que particularizaban favorablemente aquel paisaje. Acudían a ese sitio, desde adolescentes; innumerables mateadas, toneladas de galletas; besos de novias y fogatas.
Siempre han vuelto, y opinan que para ellos ese sitio es una especie de pasaje del roñoso mundo a otro mucho más amable, y que estando allí, nada malo puede ser.
Humberto con sus sueños recurrentes de artefactos estrellados allí cerca, Julio con sus especulaciones de que “algo” animaba en aquel sitio, son muestra de las cosas que les sugería “la cantera” (que es como siempre la llamaron.)
Aquella tarde, y en el entorno de un improvisado ritual, cosecharon “stropharias”, que son unas setas parásitas del excremento de los rumiantes, y que poseen en sí, cualidades despertadoras de fenómenos de la conciencia. Aquella iba a ser su segunda experiencia, y es que la primera los había dejado con algunas puertas abiertas, tras de las cuales, sentían la necesidad de seguir investigando.
Así que al atardecer comieron y esperaron.
Un buen rato. Hasta que un involuntario temblor en las mandíbulas, y una risita ingobernable, les abrió el paso a ese otro acaecer.
Al poco arribaron unas breves e intensas sensaciones que Humberto llamó “flashes de micromuertes”; después, el poder de la voluntad expandida, y así tan luego las cosas se fueron desarrollando más que bien.
Se habían sentado en lo alto de las piedras, percibiendo las emanaciones del terreno.
La luna llena se presentó acompañada de una telaraña de luz que parecía interconectar los cielos y la tierra, Julio me lee un verso de Rimbaud, que según él ilustra esa visión: “entonces cuelgo guirnaldas de estrella a estrella y bailo”.
Sentían y disfrutaban cada cosa. Sin esperarlo se vieron ensamblados a la armonía de la naturaleza. Aún hoy, Julio, intenta analogías, y surgen palabras: Despertar, Claridad, Fusión,¿Senderos de una supraconciencia?. Afirma que desde ese día y hasta el presente, ocasionalmente accede a la percepción de esa malla lumínica dentro y fuera de su mente.
Pero volvamos a la noche en que la sensación de unidad era tan fuerte, que nada los podía detener.
El poder parecía bajo control, y deben haber mirado el cielo de tal modo, que un secreto allá arriba debe haberse sentido seducido.
¡Viste esa luz! Debió exclamar uno de ellos. Y aquella luz evolucionó en el firmamento desde el sudoeste en dirección al noroeste. ¿La estás viendo? ¿La ves? Se decían uno al otro, y efectivamente aquella luz no actuaba como otras luces conocidas.
Y a través de aquella luz, ambos sintieron algo realmente trascendente. Que uno lo califique Libertad y el otro Amor no le hace al caso, lo que sí importa es que simultáneamente sintieron algo que seguro no es fácil de explicar.
Ante la intensificación de aquella luz, y quizás por instinto, ambos levantaron sus manos hacia ella, y jamás olvidaran las oleadas de energía que por las puntas de sus dedos penetraban. Y penetraron hasta que algo en el área cardíaca despertó, y Humberto, a medio camino entre la incertidumbre y el éxtasis, preguntó: ¿Qué es esto?
“amorlibertadamorlibertadamorlibertad...” Ese fue el clímax.
Después la luz se fue, como he dicho; por el noroeste, para volver y juguetear por el firmamento toda la noche. Ambos la veían y se ratificaban uno a otro. Me dicen: “escuchábamos por el sodre la Pasión según San Mateo de Johann Sebastián Bach, y te podemos decir que esa hermosa música y la luz que bailaba estaban en perfecta sincronía”.
“¿Pudo haber sido todo una alucinación?” me preguntaron, y yo les respondí con otras preguntas: ¿Y que es una alucinación? ¿Y que es un sueño? Ya que estamos, por que en definitiva ¿qué es la realidad? Pero mis repuestas-pregunta no les conforman a la hora de dar a luz la historia. “Es que quién la oiga o la lea va a tener todo el derecho a creer que todo esto no fue más que una locura inducida por toxinas”. Luego nos ponemos de acuerdo en que esto no es lo que importa, y yo sé que sospechan, como muchos, que hoy, en nosotros, ya todo puede ser posible. Aquí y ahora.
Por que no somos lo que vemos, está claro, y que ciertas experiencias riesgosas pueden alumbrarnos el sendero, también.
El tema es: ¿Qué hacemos con esas experiencias una vez que terminaron?
Cuando por primera vez la compartieron, creyeron que al hacerlo ayudaban a los demás a percibir un fragmento del misterio, y solo luego supieron que...
“...La manera de conservar magia, es en secreto”
Y nosotros que, en tanto no-magos, buscamos esas verdades que se escabullen, perseveramos pese a todo.
Y mientras termino de definir este relato, que va adjunto al de Julio y con las ilustraciones de Humberto, recibo casi sin paréntesis de tiempo, en mi casa, mensajes de los dos, los que me han hecho pensar por un buen rato en lo claroscuros del destino, y que sin dudas por “él”, han venido a mí aquellas palabras de aquel legendario milico desertor, cuándo comprende “... que un destino no es mejor que otro, pero que cada hombre debe acatar el que lleva adentro”. Es el final de un conocido cuento de Borges, y acabo de decidir que también será el final de este.
(Dedicado a Leonardo Arias, uno de mis más grandes Amigos de toda la Vida)
(EN UNA PRÓXIMA ENTRADA INCLUIREMOS EL RELATO DE JULIO Y LAS ILUSTRACIONES DE HUMBERTO)

2 comentarios:
Nunca me lo habías contado de esa manera, la escritura hace que el cerebro elabore imágenes de lo que uno lee y me ordena las cosas más que el aluvión de hechos fantásticos y sorprendentes que pudieras haberme dicho en el cara a cara.
Los hongos son una experiencia muy fuerte, es más, tan personal que todo lo que pase a tu alrededor queda en segundo plano comparado a lo que pasa en tu mente y más aún, cuando te das cuenta que la alucinación en vivo sale de todos tus sentidos y forman uno solo.
La luz que viste yo también la percibi pero no de la manera tan "física" màs bien era algo como que me guiaba o más bien me acompañaba y en un plano cerebral.
Lo que sí te puedo decir que en la zona que yo encontré mis hongos -era la zona que abundaban- y no es tan lejos de la cantera, una noche muchos vecinos de ese lugar vieron una luz muy potente posarse sobre un lugar donde hay un bebedero de animales. El cuento se propagó y un par de días después fui al lugar.
Vaya sorpresa cuando me encontré no tanto con el bebedero vacío sino con un círculo de 5 metros de diámetro en el pasto que se diferenciaba del resto porque parecía como quemado.
Misterios, coincidencias, hechos sin respuestas...son pequeñas partes de un todo.
a monsieur monsieur,nos debemos un ritual de respeto al Universo, espero poder ir por la Tierra a más tardar a fin de año, y este año si o si, un gran abrazo y gracias por sus palabras!!
créame que vi esas mismas huellas de que habla usted, en la entrada del camino de polímeros, una herradura y dos riñoncitos triangulados... quilosá??
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